Aline Neumann tiene esa forma de hablar cadenciosa de los brasileños. Nacida en Sao Paulo en 1977, llegó a España hace dos décadas. Se instaló en Madrid y comenzó a trabajar en la Clínica Dermatológica Internacional con el doctor Ricardo Ruiz. Ese estar todo el día rodeada de especialistas en la piel iría calando en Aline, que sumó a sus estudios de Derecho y Marketing las titulaciones en Dermofarmacia y Formulación Cosmética. Con esas herramientas y la convicción de que “cuando te cuidas, te sientes mejor”, en 2021 ha dado forma a su propio sueño, una línea cosmética que destila sencillez y honestidad.

¿Cómo surgió exactamente la idea de crear una marca de cosméticos?

Tras pasar un año viviendo con familia en Londres, a nuestro regreso me planteé que quería hacer algo diferente. Le estuve dando vueltas, pensando qué era lo que más me ilusionaba, y me di cuenta de que mi pasión era la cosmética: desde siempre he sido una gran “probadora”. Además, al haber trabajado junto al dermatólogo Ricardo Ruiz, he aprendido mucho acerca de lo que los pacientes buscaban en los cosméticos.

Tu propia piel te ha dado disgustos, ya que padeces vitíligo desde los 20 años. ¿Crees que el hecho de sufrir una enfermedad así también influyó en tu decisión de concebir cosméticos diferentes?

Tener una afección como esta influye en toda tu vida, desde los gestos pequeños del día a día hasta las grandes decisiones. Pero no sólo influye negativamente, porque también te ayuda a aceptar aquello que no es perfecto en ti. Lo que está claro es que el vitíligo me ha hecho prestar más atención a mi piel y me ha ayudado a ver la cosmética como una aliada. Cuando sufres una enfermedad de este tipo, vives obsesionada con que la gente te está mirando, y una crema o un maquillaje te ayudan a sentirte mejor.

Con nuestra filosofía “slow-aging” defendemos que hay que abrazar ese proceso, que tenemos que querernos en cada etapa vital, pero buscando nuestra mejor versión. No se trata de aparentar tener 20 años menos, sino de tener una piel con la mejor calidad posible para nuestra edad.

Al echar un vistazo a las fórmulas de Método R nos encontramos con viejos conocidos de la cosmética: vitamina C, retinol, ácido hialurónico… ¿Por qué no has optado por activos nuevos?

Nos hemos centrado en lo que ya tiene una base científica sólida a través de estudios independientes, aquellos activos cosméticos que realmente mejoran la calidad de la piel. Hemos cogido lo que sabemos que funciona y lo hemos mejorado: vitamina C, retinyl, ácido kójico, niacinamida, ácido hialurónico y el pantenol.

¿De qué manera lo habéis mejorado?

Los estudios científicos no sólo demuestran qué ingredientes funcionan de verdad sino que también revelan en qué cantidades. El problema de tener concentraciones altas es que se pueden producir irritaciones, así que nosotros hemos “envuelto” los activos en una esfera de lípidos. Esa esfera se abre dentro de la piel, con lo cual evitamos que los ingredientes estén en contacto directo con la parte más externa y en consecuencia se reduce el riesgo de irritación.

¿De dónde viene ese interés por la sostenibilidad que se aprecia en los envases?

Fue surgiendo de manera natural una vez que nos pusimos a desarrollar la línea. A mí siempre me ha llamado la atención la cantidad de cosas que tiramos a la basura en el momento en el que estrenamos un cosmético: el celofán, la caja, todos los papelitos que vienen dentro… En Inglaterra me sorprendió comprobar la importancia que dan al reciclaje en comparación con España: allí, si no separas bien los desechos, no te recogen la basura. Cuando empecé con este proyecto vi muy claro que me sobraba el celofán para proteger las cajas, que ya sustituiría aquellas que se estropearan durante el transporte. O que era mejor poner un código QR para acceder a la información (e incluso guardártela en tu ordenador) en lugar de meter papeles dentro de la caja.

Una de las claves de este método es que no hacen falta muchos productos para cuidarse. ¿Crees que cada vez necesitamos más simplificarnos la vida?

Sin duda. Hoy en día lo queremos todo y lo queremos ya. Si no simplificas, te desbordas, y no me refiero sólo a la cosmética sino también a la moda, a la alimentación… A pesar de mi entusiasmo por la cosmética, yo no entendía por qué había que complicarla tanto, si tenía cerca de mí a dermatólogos que siempre repetían que al final lo que funciona es el sota, caballo y rey. He cronometrado mi rutina de belleza de la mañana y tardo menos de cinco minutos en arreglarme… ¡incluido el maquillaje! Si tu ritual te resulta sencillo, será más fácil que lo cumplas. Y ya sabemos que, para obtener resultados, la constancia es clave.

¿En qué tipo de clientes estabas pensando cuando creaste Método R?

Al principio pensé en esas mujeres que acudían a la consulta del doctor Ruiz y decían: “No encuentro una crema que de verdad me hidrate el rostro. Lo he probado todo y a las dos horas vuelvo a tener la piel seca”. Tenía claro que quería cubrir esa necesidad, aunque luego la línea resultó ser más versátil. Por ejemplo, está diseñada para hombres y mujeres porque lo que funciona en la piel para unos y otros es lo mismo: vitamina C por la mañana y retinol por la noche. Es cierto que el hombre tiene la piel un poco más gruesa, y por eso hemos hecho la crema de noche con dos texturas diferentes -a ellos les gustará la más fina-, pero por lo demás es todo igual: los mismos ingredientes a las mismas concentraciones.

Eres brasileña pero llevas unos 20 años viviendo en España. ¿Con qué te quedarías de los hábitos de cada país?

En Brasil se hace muchísimo deporte y siempre hemos dado importancia a la alimentación y la vida saludable. ¡Yo no había visto el tabaco hasta que llegué a España! En la playa, allí la gente bebe agua de coco, mientras que aquí en los chiringuitos encuentras toda clase de bebidas alcohólicas; eso fue algo que también me sorprendió mucho… Sin embargo, en Brasil la gente es demasiado lanzada con el tema de la estética, mientras aquí percibo más prudencia a la hora de retocarse. De las españolas me encanta su discreción, porque creo que en la discreción está la elegancia.

¿Qué expectativas deberíamos tener cuando afrontamos el envejecimiento?

El envejecimiento es un proceso natural. Con nuestra filosofía “slow-aging” defendemos que hay que abrazar ese proceso, que tenemos que querernos en cada etapa vital, pero buscando nuestra mejor versión. No se trata de aparentar 20 años menos, sino de tener una piel con la mejor calidad posible para nuestra edad. Las expectativas deben resumirse en tener una piel saludable, porque cuando hay salud aparecen menos manchas o menos arrugas finas derivadas de la deshidratación. Lo que nunca vas a conseguir con una crema, digan lo que digan, es acabar con la flacidez. Hemos visto que la gente estaba muy decepcionada con la cosmética porque existen mensajes de marketing muy potentes que luego no cumplen lo que dicen.

¿Cómo es tu día ideal siguiendo ese concepto “slow” que propugnas?

Sería uno de esos domingos que comienzan con toda la familia –mi marido, mis dos hijos y yo– desayunando juntos. Luego haría yoga y me pasaría la tarde cocinando: la repostería me relaja un montón. Y, por qué no, mi día slow incluiría un buen masaje.

Los productos
Método R

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